LEALTAD A LA MARCA
El ganado se marca para que todos sepan quién es su propietario. Pablo llevaba las cicatrices de la marca de Jesús en su cuerpo, para que todos supieran que él pertenecía a Jesús. Las marcas que llevaba Pablo eran cicatrices y moretones de los golpes, pedradas y otros sufrimientos que soportó por Jesús (ver Hch 14:19; 16:22ss; 2 Co 11:23ss). Otros santos, como Francisco de Asís y el Padre Pío, han sufrido los estigmas, las heridas de Cristo, en sus manos y pies.
¿Podría alguien decir que perteneces a Cristo al mirar tu cuerpo? Aquí están las marcas de algunos cristianos que conozco:
- círculos bajo los ojos que denotan la falta de sueño en los padres que tienen más hijos en amorosa obediencia al Señor,
- kilos de más en un padre que le dedica mucho tiempo a sus hijos y no tiene tiempo para hacer ejercicio,
- pérdida de peso visible durante la cuaresma por el ayuno devoto,
- sonrisas radiantes y rostros resplandecientes derivados de desbordante alegría en ser propiedad de Jesús (ver Ex 34:30),
- ojos que reflejan una paz que sobrepasa todo entendimiento (Fil 4:7) en medio de un sufrimiento personal increíble,
- pelo rapado en las cabezas de los hombres, en dos familias, como una señal de la empatía a un ser querido que sufre de cáncer, y
- una "banda" blanca de color permanente en la muñeca de un sacerdote que se comprometió a llevar un grueso brazalete pro-vida hasta que la legalización del aborto sea eliminada en los EE.UU.
Sé crucificado para el mundo (Gal 6:14). Lleva la marca de Jesús, y "glorifica a Dios en tu cuerpo" (1 Co 6:20).
Oración: Jesús, recibe mi cuerpo como un sacrificio vivo (Rom 12:1).
Promesa: "Como un hombre es consolado por su madre, así yo los consolaré a ustedes" (Is 66:13).
Alabanza: Alabado seas Señor "bienaventurado y único Soberano, el Rey de los reyes y Señor de los señores" (1 Tim 6:15). ¡Aleluya!
Referencia: (Esta enseñanza fue presentada por un miembro del equipo editorial).
Rescripto: †Reverendísimo Joseph R. Binzer, Obispo auxiliar y Vicario general de la Arquidiócesis de Cincinnati, 18 de febrero de 2016.
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